martes, 4 de agosto de 2009

"Miedo a la soledad"

Tanto a mujeres como a hombres, desde que somos pequeños, nos inculcan que lo mejor es estar en pareja, tener una familia, estar acompañados. Aunque consideres que esto es lo que más deseas en tu vida, si tienes miedo a la soledad, puedes llegar a tomar decisiones francamente contraproducentes para tu bienestar emocional.

Hay quienes en vez de aprovechar los momentos en los que no tienen pareja (para reencontrarse con ellos mismos, para darse cuenta de lo que quieren y lo que no quieren, para abrirse a conocer gente y a fortalecer las amistades que ya tienen, ¡para una buena elección amorosa!) , o ante la certeza de que el vínculo en el que están no tiene futuro, sienten una angustia tan grande que les hace tomar malas decisiones (por ejemplo intentar volver con alguien del pasado con quien la relación no funcionó, aceptar a cualquier persona con tal de estar "acompañados", esforzarse por salvar la pareja aunque sea conflictiva o dañina, defender lo indefendible del otro para buscar excusas y seguir con esa mala relación, etc.). Buscar solo lo positivo de estar acompañado por una persona es apenas una visión parcial de lo que está sucediendo; hay que poner todo en la balanza para tomar una decisión madura, aunque esta implique quedarnos "solos".

Piensa serenamente: ni en los peores momentos de tu vida has estado completamente solo. Mira a tu alrededor. Hay más de una persona en quien puedes confiar ciegamente, que es incondicional y estará allí para apoyarte, cuando la necesites. Tal vez es alguien que ya estuvo a tu lado en muchas ocasiones, o alguien que desea que le des la oportunidad (familiar, amigo, vecino, compañero de trabajo...)

El miedo a la soledad es un pésimo consejero en la búsqueda de un compañero (o compañera). Siempre tienes la posibilidad de elegir con quién compartir tu vida, y también de decidir si la relación en la que estás te hace feliz y te permite crecer, o está agotada y no hay vuelta atrás. Continuar con un vínculo roto o que te hace infeliz por no estar sin pareja, solo ahondará tu sensación interna de soledad. Enfrentar este "fantasma" es más sencillo que lo que crees. La mejor opción que te presenta el estar solo es la enorme oportunidad de tener un espacio en tu vida para que, a su momento, aparezca la persona que sí te permitirá a acceder a la felicidad que tanto te mereces.

lunes, 1 de octubre de 2007

"ANTIDOTO CONTRA LA SOLEDAD".




Autonomía, individualismo, independencia, libertad sin trabas… son los slogans que deleitan a la humanidad del tercer milenio. Se presentan como conquistas que asegurarán a quien los posean la felicidad y la dicha. Espoleado por estos acicates el hombre ha creado una sociedad de multitudes pero en la que, curiosamente, se siente solo.

Al final, es la soledad el botín real que se ha conquistado después de romper lazos(independencia), de elegir antes mi interés que el ajeno (individualismo), de ser yo mi propia norma (autonomía). Cuando el “yo” se agiganta, el corazón se vacía de “otros”, y si no hay otros, por rodeado que esté de gente, el ser humano estará solo.

El 26% de los americanos se califica de solitarios crónicos. El 54% de los franceses afirma haber sufrido de soledad alguna vez. El 30% de los españoles dice sentirse solo con frecuencia, el 40% confiesa no tener ningún amigo íntimo y el 20% declara haber tenido problemas de depresión.

Ni los millones de teléfonos celulares o móviles, ni el chat, ni la facilidad para los viajes llenan el hueco interior que crece en miles de occidentales.

Bien escribía Víctor Hugo que el infierno está todo en esta palabra: soledad. Si al final de la vertiginosa carrera promovida por el individualismo se encuentra la soledad.

¿Merece la pena seguir en la competición?

Hay un antídoto contra la soledad, a la mano de todos, natural como la vida misma, para evitar la más peor de las pobrezas, la soledad; es gratuito, funciona siempre, no crea adicción y mejora enormemente la calidad de la vida. Sólo es cuestión de cambiar los ingredientes que nos proponen.

En lugar de individualismo poner solidaridad; sustituir la autonomía por la donación desinteresada, y orientar la libertad al servicio de bien del otro.

Si la soledad es el sentimiento que surge cuando se constata que no soy nada, ni nadie para un alguien, el antídoto eficaz será la experiencia de importar a otro, y de importarle mucho. En una palabra, la soledad muere cuando nace el amor. Nada llena más el corazón del ser humano que descubrir que por mí, otro piensa, vive, actúa y elige.

Mi existencia tiene sentido; la indiferencia queda en el olvido. Sentirse amado, sencillamente por ser yo; no por lo que hago, ni por mi dinero, ni por ningún otro interés.

Se es amado por ser, nada más y nada menos…que uno mismo.

Justamente esta experiencia, así de sencilla y natural, es la que el niño advierte cuando su madre lo acepta, lo desea, lo ama. Él no aporta absolutamente nada; quizás molestias, roba algo del sueño materno, tiempo y da más trabajo. Lo único que da cambio, y depende del humor del bebé, es una sonrisa…que para la madre es el pago generoso a su desvelo. La madre sigue amándole, no por lo que recibe del pequeño, sino llanamente porque es su hijo, y basta. Este estilo de vida es el que hay que recuperar para nuestra sociedad. Dar sin pedir, para ganar lo que no se compra con dinero: confianza unos en otros.

No se oye hablar mucho a favor de la maternidad, excepto en los comerciales típicos al acercarse el día de las madres, pero que tristemente suenan a sospechosos. El hijo se nos presenta como un problema para la mujer, y no digamos si ya es madre de otros o si quiere trabajar fuera del hogar. El cáncer del individualismo también infecta a la mujer, y se comienza a ver como carga lo que es un don. Un ser humano no es un problema para otro, es una oportunidad para crecer en humanidad.

En casi todas las culturas se ha admirado el valor de la maternidad por los bienes que procura al ser humano. La madre, naturalmente, es la que ama sin esperar nada a cambio. Se realiza en el otro. Su alegría no proviene de sus propias conquistas, sino del triunfo de su hijo. Y sus tristezas también nacen del dolor de su hijo. Por ello, la mujer madre ha sido modelo de desinterés, y reserva de lo mejor a lo que puede aspirar el ser humano.

La mujer madre es un estupendo modelo para aprender a generar el antídoto para la soledad. Merece la pena invertir en este estilo si queremos humanizar la sociedad. Con razón escribía Edith Stein: “En todas partes donde haya un hombre solo, especialmente si éste está necesitado, ella estará a su lado llena de amor, tomando parte, comprendiendo, aconsejando, ayudando; así se convierte en compañera… En todas partes donde ella ayuda a un hombre a comprender el desarrollo de su camino hacia la meta en su despliegue corporal, anímico o espiritual, ella es madre”